Año
tras año, numerosos grupos de personas eligen la carrera de magisterio como opción
a la hora de continuar con sus estudios formativos. Algunos de ellos, como es
mi caso, eligen esta carrera por las ganas de transmitir conocimientos y de
ayudar en el desarrollo integral del niño, es decir, por vocación. Otros, escogen
esta carrera por descarte o como vía de escape porque la nota no les alcanza
para la carrera que realmente quieren hacer.
La
visión que se tiene sobre la carrera de magisterio, es que esta es la
carrera de “corta, pinta y colorea”.
Esta opinión que se tiene perjudica gravemente a la carrera, y en especial, a
los docentes, ya que el prestigio social disminuye respecto a otras carreras o
profesiones.
Por
supuesto no estoy de acuerdo en absoluto con esa idea, puesto que mediante la
docencia, se colabora con el desarrollo personal del niño y es muy importante guiar
a lo largo de todo ese proceso en esa etapa tan importante del niño. Es crucial,
un buen acompañamiento para ellos, puesto que “su vida” está en nuestras manos.
En función de su experiencia durante esta etapa y de nuestra actitud, puede
tener buenas y desde luego, también malas repercusiones en su futuro.
No
hace falta decir que todas esas profesiones como la de médicos, abogados,
jueces, científicos y todas las demás profesiones, pasaron por la escuela y
tuvieron influencia de sus profesores y adquirieron conocimientos que hoy en día
aun recordaran. Todos ellos han sido formados por docentes, y por lo tanto,
personas con la carrera de magisterio. Entonces…¿Por qué se nos desprestigia de esta manera?

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